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Guerra y petróleo

Trump pateó el tablero: rechazó el plan iraní por Ormuz y la factura la paga el mundo

Teherán ofreció reabrir el estrecho en siete días y volver a la mesa nuclear. Washington dijo que no. El corredor del petróleo sigue cerrado, el crudo presiona y el costo de la escalada lo pagan los pueblos, acá y allá.

Donald Trump rechazó el plan de siete días que propuso Irán para reabrir el estrecho de Ormuz y retomar el diálogo por su programa nuclear. El corredor por donde circula buena parte del petróleo del planeta sigue bloqueado, y el precio del crudo vuelve a mirar para arriba.

Había sobre la mesa una salida negociada, imperfecta como toda negociación, pero salida al fin. Washington eligió la presión. Es la lógica de siempre del poder imperial: la diplomacia se acepta únicamente cuando llega en los términos propios, y mientras tanto la cuerda se tensa a ver quién aguanta más.

La guerra también se cobra en la góndola

Lo que nunca se dice en los comunicados es quién paga la tensión. El petróleo caro no castiga a los estrategas de Washington ni a los ayatolas: castiga al que carga nafta para ir a trabajar, al flete que encarece los alimentos, a los países del sur global que importan energía con monedas debilitadas. Cada semana de Ormuz cerrado es un impuesto silencioso sobre los pueblos del mundo.

Para la Argentina el asunto no es lejano. Un mundo con energía cara y comercio tensionado complica cualquier recuperación, y de paso engorda el argumento de los que quieren entregar nuestros recursos a precio de apuro: cuanto más caos afuera, más presión para malvender lo de adentro.

La paz no es una ingenuidad de pacifistas: es la política económica más barata que existe. Cada vez que una potencia patea una mesa de negociación, en algún barrio del mundo la comida cuesta más cara. Esta vez también.

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Fuente de los hechos: Cobertura periodística