Solidaridad con letra chica: Chile respalda el reclamo por Malvinas pero defiende sus negocios con los kelpers
El ministro de Defensa chileno apoyó la soberanía argentina y acto seguido justificó el comercio con el gobierno colonial de las islas. La causa Malvinas necesita una región que la abrace sin dobleces: con los pueblos no se negocia el doble estándar.

El ministro de Defensa de Chile respaldó el reclamo argentino de soberanía sobre Malvinas, pero en la misma declaración defendió los vínculos comerciales de su país con el gobierno británico de las islas. Apoyo en el discurso, negocios en los hechos: la solidaridad regional, versión con letra chica.
Malvinas no es una causa argentina: es una causa latinoamericana. Es el último enclave colonial de América del Sur, una base militar de la OTAN plantada sobre recursos pesqueros y petroleros que son de esta región, custodiando un saqueo que lleva casi dos siglos. Cada declaración de apoyo de un país hermano vale, pero vale la mitad cuando viene acompañada de comercio fluido con la potencia ocupante.
El colonialismo también se financia
Porque conviene decirlo sin diplomacia: el enclave colonial se sostiene con logística. Los kelpers no viven del aire, viven de las licencias pesqueras que rematan sobre mar argentino, del petróleo que exploran sin permiso y de las cadenas de abastecimiento regionales que les dan de comer. Cada eslabón sudamericano de esa cadena es una pequeña traición a la causa que se declama en los foros.
La respuesta argentina, sin embargo, no puede ser el rencor con el vecino, sino la autocrítica y la política: ¿qué hizo la Argentina en las últimas décadas para que apoyar Malvinas le convenga a la región? La causa necesita ser una política de integración concreta —económica, energética, pesquera— que haga más rentable la hermandad que el negocio con el ocupante.
La soberanía no se mendiga: se construye con los pueblos. El día que América Latina actúe como lo que es —una sola patria grande con un enclave colonial clavado en el sur— el doble estándar se va a volver insostenible. Hasta entonces, agradeceremos los respaldos, y seguiremos señalando la letra chica.
Fuente de los hechos: Cobertura periodística